jueves, 20 de febrero de 2014

Un remedio para la inercia: plumas.


Muchas veces nos sentimos atrapados en una vida que no parece nuestra. Puede ser por un trabajo que no nos satisface, una relación que no nos hace felices, una rutina que aceptamos pero que daríamos lo que fuera por cambiar... Pero, tras suspirar y soñar despiertos un rato, lo solemos dejar todo como estaba. Inercia. Un enemigo poderoso que, sin embargo, podemos vencer por K.O. en un asalto si decidimos "vestirnos por los pies".
Hay muchas historias que nos demuestran que sí, que es posible, que cuando lo decidimos nuestra vida puede dar un giro. Y los  #calcetinati las compartimos para inspirarnos unos a otros, pero también para recordarnos que cuando fallamos no pasa nada.

Hermanos, hoy quiero compartir once historias de personas que dejaron la mesa de la oficina, se liaron la manta a la cabeza y salieron al mundo a buscarse una vida con la que antes sólo se atrevían a soñar. Una abogada que se convirtió en bloguera gastronómica, una profesora de inglés reinventada en escritora, una chica que convirtió un desengaño amoroso en su mejor oportunidad... Eso sí, todos los protagonistas de ese enlace, además de echarle narices, también lucharon por sus sueños con todo lo que tenían. O, como diría mi madre: "A Dios rogando y con el mazo dando".

El nuevo orden mundial del que hablábamos hace poco te anima a pulverizar la inercia de un plumazo. Y nunca mejor dicho, porque al firmar El pacto del calcetín, le salen alas a tus calcetines y te comprometes a no estar donde no quieres estar.

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